La Magia en las Vibraciones

La tecnología va avanzando con rapidez pero no quiere decir que los tambores no sigan ofreciendo algunos de los sonidos más ancestrales que el ser humano ha oído. Golpear algo con las propias partes del cuerpo fue y ha sido la forma más primitiva de hacer ritmo. Con tambores los antepasados del hombre han invocado la lluvia, celebrado acontecimientos y evidenciado el hedonismo alrededor de fogones. Y la ayuda de la tecnología ha ido mejorando la resonancia permitiendo la reproducción de esos primitivos ritmos.

En el caso de los tambores con membrana se han ido colocando todo tipo de pieles (como las de antílope, búfalos, serpientes, elefantes, cocodrilos o gacelas) para dotarlos de una vibración especifica. La selección de aquellas en algunos países está determinada por un criterio más que nada mágico: los tambores se deben parecer al ser que guarda el espíritu cuyo sonido se busca comunicar, de esa manera el tambor se asemeja a la figura del ser en carne y hueso.

En cambio en los tambores hechos con madera sin membrana o cuero, por ejemplo comunica el espíritu de un árbol (al golpearlo en su tronco), el cual expresa su potencia en los ritmos sagrados. Así como la parte mística se muestra en los ritmos también está presente en su manufactura, hay algunos lugares donde se deben practicar ciertos ritos para fabricar el tambor.

 

La importancia del tambor es tal que se transforma en objeto de culto para los pueblos: se oye en la mañana, en el almuerzo, en la hora del descanso, cuando se caza, para ahuyentar bestias salvajes o espíritus negativos, para alegrar enfermos, para ceremonias religiosas o para fiestas sociales colectivas. O en otros pueblos se le trata más que un instrumento como un elemento cuasi religioso, al tambor le ofrecen sangre ‘para que beba’ (a modo de ejemplo: al glorificarse un tambor ritual se debía verter al interior la sangre del animal cuyo pellejo fuera a vibrar), cerveza de una determinada marca, o sino alimentos de animales sacrificados ‘para que coma’.

La capacidad hipnótica es otro de los motivos de transformación en objeto de culto: atrapa toda la atención de forma casi mágica la monotonía ininterrumpida sin distracciones de golpes distribuidos en frases cortas y rítmicas una y otra vez. Y al mismo tiempo transmitir incertidumbre, tristeza, alegría u otras emociones es algo que a veces permite el tambor en sus numerosos ritmos.

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